martes, junio 04, 2013

Sobredosis de TV

por Tomás Borovinsky

En una inolvidable nota de principios de 2011 Facundo Falduto decía que hubo tres grandes periodistas argentinos en la modernidad periodística: Natalio Botana, Jacobo Timerman y Jorge Lanata. Un ménage à trois hermanado por una doble coincidencia: los tres, decía Falduto, fundaron un diario y los tres están muertos. Así vivíamos un 2011 en el que era impensable imaginar a Lanata retornando a la tierra de los vivos, huyendo de aquel basurero de la historia del que hablaba León Trotsky. Un derrotado –¿quebrado?– deambulando perdido haciendo documentales de Extremo Oriente para Ted Turner. Parecía acabado por las tasas chinas y el consumo subsidiado de masas. Lanata, un zombie circulando por el territorio comanche de los sueños digitales y los blogs; en plena explosión de Twitter.

Pero las tasas chinas, como todo lo sólido, se desvanecieron en el aire –volaron por el aire– y dejamos de crear empleo y vino el cepo al dólar y todo cambió. Pese a las añejas denuncias de corrupción el tema devino un commodity demandado por el pueblo televisivo: esa populista y laclauniana clase media material y aspiracional que no perdona –lógicamente– cuando la economía va mal. Clase media marxista neutralizada provista de una conciencia de clase elefántica (todos entendimos que un elefante ocupa mucho espacio). Lanata es el paco de una clase media enfadada –Todos Nosotros– que descarga broncas e insatisfacciones los domingos a la noche cuando elige ver PPT y no el cada vez más descendido fútbol argentino. En Argentina, quizás más que en ningún lado, se hace carne la máxima clintoniana: “es la economía, estúpido”.

Carl Schmitt solía decir que todo es intensivamente político. Todo es intensivamente político porque cualquier cuestión puede devenir política si parte el escenario imaginario-existencial entre amigos y enemigos. No hay conflictos morales, económicos o religiosos. Lo que hay es enemistad política por una cuestión moral, económica o religiosa. Amigo-enemigo dice el dictum satanizado en nombre del diálogo y la tolerancia a cualquier costo. Lanata es un animal político –el mejor en el peor momento– clonado en un tubo de rayos catódico imaginario que aparece cuando alguien está por morir. Brilló en el Página/12 del ’87 con el alfonsinismo en retirada y a fines de los ’90 en el Día D de un menemismo seco y decadente. Es la Parca, síntoma de fin de ciclo, punta del iceberg del estancamiento material y simbólico. Hasta que, como decía el profeta Ezequiel, “de los huesos salga carne” y la economía vuelva a crecer y los muertos se levanten. Como Lázaro.

Guerra de emociones, sentimientos y descargas. ¿Batalla cultural? La disputa política sometida al sufragio del rating donde el enemigo juega de local y vence al deporte nacional. Conoce el territorio televisivo y avanza con viento de cola. Porque Lanata siempre llega cuando la economía se enfría y al país le va mal (como dijo alguna vez de sí mismo el poeta de la democracia, Charly García: “a mi me va bien cuando al país le va mal”). Su viento de cola es inversamente proporcional al de un país que se viene abajo más o menos cada diez años. De ahí el error del cristinismo al hacerle el juego al lanatismo y querer dar la batalla en el terreno del otro; con el polvo en la cara. Porque Lanata no viene a matar a nadie. Y quizás no esté muerto ni sea un zombie. A lo mejor es solamente un cuervo que lleva mensajes de acá para allá (al más allá). Lanata, como los cuervos, siempre aparece y brilla junto a muertos y moribundos. Lanata es el mejor cuervo que supimos conseguir en democracia. Cría cuervos que te comerán los ojos. Y ya no habrá más televisión que mirar.

domingo, mayo 26, 2013

Foto

por Alejandro Sehtman



Hay algo en esta foto.
En esta foto de la Argentina (que sólo puede sacarse en Buenos Aires).
Algo raro pero real.
Propone un plano extraño, que "achica" la Plaza y abre al cielo.
Que tiene perspectiva.
De alguna manera es una buena síntesis de la década que sigue.
La concentración masiva de público. No es protesta. Es fiesta.
La Casa Rosada como escenografía brillante. Los fuegos artificiales de recital (o de shopping).
La torre de Pelli, que era de Repsol YPF y ahora es de YPF.
Las dos torres de departamentos del costado. Mitad encendidos, mitad no (por qué? duermen? están vacios? son oficinas?).
Ninguna de las tres torres existía en 2003. También nacieron en la década que sigue.
El Río de la Plata que se funde en un cielo azul oscuro sin estrellas.
Puerto Madero y la Plaza están en la misma postal de la fiesta de la década que sigue.
No es una casualidad.
La década (que sigue) es la misma para todos.
Ahí también la Nación crece. La década es la misma para todos.

viernes, mayo 24, 2013

Voy a poner cada una en los sobrecitos de azúcar...



Cada nuevo gobierno gozará del derecho (a una retórica) para Refundar la República (cimentando sus logros, finalmente, en la continuidad).

No hay guerra popular, los pueblos aman la paz.

El peronismo es la representación política suficiente en todo tiempo y espacio.

No es partido ni movimiento, es sistema.

La clase media es el hecho maldito del país peronista.

El kirchnerismo es la lucha de clases medias.

El análisis de medios es la antipolítica de la política.

Cada político se encuentra a la izquierda de sus bases.

Menem es el padre no reconocido de la democracia.

Clarín es el PJ de la clase media.

Canal Volver es el inconciente, canal Encuentro es la memoria.

La batalla cultural es mucho bosque y poco árbol (“multiplicidad”, “voces”, canta el gallito de Morón).

Se puede politizar la economía, lo que no se puede es tapar la economía con la política.

No es lo mismo un economista que un historiador de las ideas económicas. (Tomás Borovinsky - @borovinsky)

La nueva teoría populista de ese brujo londinense que cada tanto nos visita vestido de Galtieri y nos dice que vamos ganando: el señor Ernesto Lacló.

La representación incluye en la letra chica resolver problemas a espaldas de la sociedad.

Ahora y siempre vuelve a empezar La Cosa. Y –creeme- vuelve a empezar desde un mejor lugar. Los que llegan, dejen las mochilas afuera. No le salven los muertos a nadie.